> La Sociedad Española de Salud y Medicina Integrativa ante el día contra la violencia machista
Este 25 de noviembre es el día internacional contra la violencia machista.
Desde SESMI queremos recordar que, en España, en lo que llevamos de año, más de 50 mujeres han perdido la vida en manos de sus parejas o exparejas solo por el hecho de ser mujer, y que desde 2003, cuando se empezó este recuento, 1027 mujeres han sido asesinadas por esta causa.
No obstante, no sólo debemos de hablar de asesinatos: sabemos que muchas mujeres en todo el mundo están sufriendo violencia machista en sus vidas familiares o profesionales de forma silenciosa y continuada fruto de una sociedad que tiene como base la cultura patriarcal y que cree en la supremacía de los hombres y por tanto en su poder y pertenecía sobre las mujeres.
Esta supremacía del sexo masculino sobre el femenino la vemos también en la enfermedad y en sus opciones terapéuticas y de prevención:
Sabemos que la medicina no ha contemplado como se merece las diferencias en cuanto a salud y enfermedad de las mujeres y algunas patologías tienen siempre como referencias al sexo masculino, por lo que su prevención y tratamiento no es siempre el adecuado cuando las enfermas son mujeres. Como ejemplo podemos poner las patologías cardiovasculares, las patologías endocrinas o el mal entendimiento de patologías de prevalencia femenina como la Fibromialgia o la Sensibilidad Química Múltiple.
Si hablamos de tratamientos de la esfera emocional/psicológica el problema es muy grave, el doble de mujeres mayores que de hombres son tratadas con hipnosedantes, a partir de los 65 años un 20-25% de las mujeres están medicadas con antidepresivos, mientras que lo están entre un 10/15 % de los hombres y este porcentaje empeora hasta un 25 % al llegar las mujeres a los 70 años, en hombres la proporción sigue siendo de la mitad. Las mujeres de 65 años también toman más antipsicóticos que los hombres y el porcentaje llega al 25 % cuando ellas alcanzan los 90 años.
En resumen, y según el farmacólogo Dr. Laporte,
estamos ante una intoxicación de las mujeres mayores, que son víctimas del trastorno obsesivo-prescriptivo que tienen muchos médicos que les recetan psicofármacos
Otro tema del que queremos hablar, hoy 25 de noviembre es el de la violencia obstétrica.
Según la declaración de la OMS de 2014:
En todo el mundo, muchas mujeres sufren un trato irrespetuoso y ofensivo durante el parto en centros de salud, que no solo viola los derechos de las mujeres a una atención respetuosa, sino que también amenaza sus derechos a la vida, la salud, la integridad física y la no discriminación. Esta declaración reclama una acción más enérgica, más diálogo, más investigación y más apoyo en relación con este importante problema de salud pública y de derechos humanos. La OMS propone:
En España según datos de 2015, el 29,8% de los partos en Extremadura fueron por cesárea, le siguen la Comunitat Valenciana (29,7%), Catalunya (28,6%) y Ceuta y Melilla (28,5%), según datos del del Instituto Nacional de Estadística. La lista la cierran Euskadi (15,7%) y Navarra (17,3%).
La Organización Mundial de la Salud (OMS) señalaba, también en 2015, que en el mundo se estaban practicando demasiadas cesáreas, y que este número debía ser reducido puesto que los estudios han revelado que “el número de muertes maternas y neonatales disminuye cuando dicha tasa se acerca al 10%”.
España, por tanto, supera con creces la recomendación de la OMS y además este porcentaje se dispara en la sanidad privada (35%), a gran distancia de la pública (22%), como ha denunciado la organización El Parto es Nuestro, que considera que en nuestro país se practican “cesáreas a la carta” que no responden al bienestar de la parturienta y su descendencia.
Según Jesica Ricoy, fundadora del movimiento The Roses Revolution Movement en una entrevista para el Público de 2018
Las episiotomías y las cesáreas innecesarias son síntomas de una sociedad que sufre de machismo, misoginia y patriarcado. Las mujeres hemos sido adoctrinadas para entender que el parto es así. Es decir, se nos educa para aguantar: nuestro cuerpo es secundario, no se puede hablar de él porque se considera algo sucio y, si sufrimos secuelas de un corte en la vulva, se presupone que no tenemos por qué disfrutar del sexo como el hombre.


