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Artículo de Helena Trujillo Luque, psicoanalista.

“Ni huir ni arremeter contra nada, aprender a conversar tranquilamente, eso enseña el amor”, son versos que el poeta Miguel Oscar Menassa incluye en uno de sus poemas más relevantes “El verdadero viaje”, y con los cuales nos quiere enseñar algo fundamental para la vida y para la salud mental: no hay salud mental si no aprendemos a relacionarnos con nosotros mismos y con los demás porque sin amar no hay salud.

Las cifras son preocupantes. La salud mental debe ser algo que nos ocupe a todos cada día. Según la Organización Mundial de la Salud, millones de personas en el mundo sufren enfermedades psíquicas, aproximadamente 280 millones de personas padecen depresión, y entre las nefastas consecuencias de estos padecimientos está el suicidio, la más grave lesión que puede infringirse un ser humano. Cada año se suicidan cerca de 800.000 personas en el mundo y, por cada suicidio consumado, hay muchas tentativas. Es decir, por cada persona adulta que decide quitarse la vida, posiblemente, más de otras 20 lo han intentado. Además, debemos tener en cuenta que cada suicidio afecta almenos, íntimamente, a otras seis personas.

 

LAS ENFERMEDADES PSÍQUICAS SON INCONSCIENTES

Es complejo establecer el límite entre salud y enfermedad. Quién no se ha levantado una mañana y mirándose al espejo ha dicho: “este mundo es un asco”. Todas y todos tenemos decepciones en la vida, pero no todas las personas reaccionamos de la misma manera. Las enfermedades psíquicas son inconscientes y suelen camuflarse en síntomas que ocultamos o normalizamos, pero que afectan y limitan -cada vez más- la vida de la persona y acaban generando cuantiosos gastos sanitarios. Ni la comprensión ni la compasión han logrado acabar con los padecimientos psíquicos.

El psicoanálisis, desde su irrupción como campo científico a comienzos del siglo XX, ofrece un método y técnicas que producen modificaciones en el inconsciente del paciente, haciendo desaparecer sus síntomas patológicos y modificando la relación alterada que el enfermo tiene con la realidad. Psicoanalizarse exige, por un lado, un profesional altamente cualificado en el campo y, por otro, alguien dispuesto a realizar el trabajo de exponerse y transformarse ya que no es un proceso pasivo, como tampoco lo es cualquier otro proceso terapéutico que produzca un nuevo estado de salud. Curarse es modificar aquellos aspectos de uno mismo y de cómo nos relacionamos con el medio que nos han llevado a enfermar.  El psicoanalista nos ayudará a identificar cuáles, pero el paciente debe estar dispuesto a amar y a amarse de forma diferente.

El duelo –que Freud estudia en paralelo a la depresión- es un proceso normal que se produce en situaciones de cambio. A todas y todos nos molesta una decepción y/o una pérdida. La angustia, la tristeza y, a veces el dolor, son condimentos normales de la vida pero, en ocasiones, pueden llevar a la mutilación, a la enfermedad e incluso a la muerte.

La depresión, sin embargo, es un proceso patológico cuyo desarrollo tiene como consecuencia la producción de graves enfermedades orgánicas como el cáncer, accidentes laborales y el suicidio, al que aludimos antes. Es una enfermedad sin rostro, pues el depresivo no siempre se identifica a simple vista ya que estar triste no es estar deprimido.

Gracias a las investigaciones psicoanalíticas, podemos identificar la depresión por la incapacidad que presenta el paciente para obtener satisfacción de aquellas cosas que antes le resultaban placenteras, por una falta de visión de futuro o por los autorreproches que se realiza a sí mismo y con los que parece regodearse ante los demás. Estos autorreproches, en realidad, no se corresponden con sus propias características personales si no con lo que vamos a descubrir es su ideal u objeto erótico perdido.

El estado melancólico -una enfermedad dolorosa en la que se puede llegar a perder todo contacto con la realidad- puede desencadenarse no sólo frente a la muerte de un familiar, pérdida de un trabajo o de un ideal, sino también frente a la no coincidencia de lo que quiero del objeto. Es decir, se puede producir una melancolía cada vez que estoy en desacuerdo con el objeto amoroso.

Varias investigaciones demuestran que en la etiopatogenia (causas y mecanismos) del 70% de las enfermedades está la depresión o melancolía. Si a este diagnóstico añadiéramos cierto grado de inapetencia sexual, cierto grado de insomnio, cierto desprecio por las personas, ciertas fantasías de empobrecimiento o catástrofe, ya sería el 89% de la población la que estaría padeciendo depresión. En mi opinión, una campaña de prevención de la depresión reduciría enfermedades como el cáncer, el infarto de miocardio o los accidentes laborales.

Estar triste no es estar deprimido. La tristeza es un sentimiento normal que denota que el sujeto ha comprendido su existencia material, es decir, que habrá un día en el que ya no estará. La depresión, en cambio, es un proceso patológico inconsciente y pone de manifiesto la incapacidad de amar del sujeto porque hay un ideal del que no puede desprenderse.

 

EL SUICIDIO

Algunos estudios de la OMS (publicados en 2011) correlacionan las crisis económicas con el aumento de muertes por suicidio. Que los jóvenes no encuentren trabajo, que los mayores sientan que los jóvenes les van a dejar sin trabajo, que a los grandes capitales les interese que haya más parados y rebajen los sueldos, y que los estados no hagan nada, sin duda, produce un empeoramiento en la salud mental de la población. Quedarse sin futuro y sin capacidad de trabajar para su felicidad, es matar en vida a las personas.

La protección social es fundamental para paliar la aparición de problemas mentales durante las crisis económicas, pero también es importante destacar las cifras preocupantes de suicidios en las llamadas sociedades del confort en las que no se ha trabajado el alma, las relaciones sociales o la capacidad de amar y la gente muere de soledad. Las sociedades actuales se han preocupado sólo por el confort material y están fabricando seres humanos hartamente enfermos e infelices.

El psicoanálisis considera el suicidio como la manifestación de una tendencia hostil hacia otra persona y al suicida como un asesino tímido. Por este motivo, el Dr. Pichon Rivière en el servicio de atención al suicida planteaba la siguiente pregunta a aquél que manifestaba tales intenciones: ¿A quién quiere matar? Esto producía que el paciente, en lugar de matarse, fuera a la consulta a comenzar su tratamiento psicológico.

Gracias a las investigaciones psicoanalíticas se sabe que la problemática principal en la depresión es que el sujeto no puede sustituir a la persona amada o al ideal perdido por otro. No hay amor si no puedo separarme de la persona amada ni tampoco cuando no acepto que la persona amada piense diferente a mi.

En cambio, en el duelo nunca hay una disminución del amor propio ni existe la fantasía de haber intervenido en la pérdida; no se es el responsable de la desgracia y el sujeto no necesita despreciarse. Una característica esencial de la melancolía es que el paciente se denigra, habla mal de sí mismo y no se considera merecedor de ninguna consideración; puede llegar incluso a una delirante espera de castigo o de la muerte.

 

EL DIFÍCIL LÍMITE ENTRE SALUD Y ENFERMEDAD

Todo aquello que yo pueda pensar no me puede enfermar. La enfermedad psíquica no existe bajo el control de la conciencia, es decir, transcurre inconscientemente y, por eso, es necesario consultar al psicoanalista para tratar estas enfermedades.

Todo el mundo quiere conservar lo que perdió. En Psicoanálisis, para poder entender la enfermedad hay que comprender que el sujeto nunca abandona lo que consigue y que cuando lo hace, lo abandona con un gran gasto energético que es la enfermedad. Así pues, la salud es el engrandecimiento y la liberación de la capacidad de sustituir, es un trabajo que supone separarse de la tendencia infantil al placer para tener en cuenta lo conveniente.

La única salud psíquica posible es cuando el sano psíquicamente tiene capacidad de sustituir un objeto amoroso por otro y por otro, un ideal de vida por otro. No se puede vivir sin utopías, hay que generar utopías, hay que generar sueños, llegar a la muerte por el camino más largo que es la vida. Todo compromiso que lleve al paciente a hablar, a salir de su casa, a interesarse por algo, ya es un camino en la curación. El psicoanálisis es un método de autoconocimiento que ayuda a transformar aquello que nos enferma, sustituyéndolo por otra satisfacción menos lesiva.

 

Artículo de Helena Trujillo Luque, psicoanalista de la Escuela de Poesía y Psicoanálisis Grupo Cero y miembro de la Sociedad Española de Salud y Medicina Integrativa (SESMI)

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